
Fassis (padre e hijo), en el ojo de la tormenta político
Federico Jelic
“Perdón, no voy a hablar, te pido me respetes esto”, fueron las palabras del presidente de Talleres Andrés Fassi al aterrizar en Córdoba, en el aeropuerto, ante la requisitoria de la prensa en el aeropuerto. La circunstancia obligaba su requisitoria: llegaba de Europa en medio de un equipo en el último escalón de la tabla, luego de perder tres cotejos consecutivos y con una incertidumbre pasmosa con relación al porvenir del club.
En barrio Jardín hoy salen todas las gestiones al revés, entran todas las balas. Para colmo de males, el equipo volvió a perder, esta vez contra Defensa y Justicia en el Kempes y ya la reprobación hacia la gestión fue casi unánime: la gente pide que alguna cabeza tiene que rodar.
Claro, en ese sentido, Fassi anunció la “reestructuración” del Departamento Fútbol, sin dar nombres propios, aunque la masa iracunda clama por la dimisión de su hijo, Sebastián Fassi, quien en los papeles es el encargado del Fútbol Profesional, una suerte de mánager aunque todo el mundo sabe que ninguna decisión se toma por encima de Fassi (padre). ¿De quién es la verdadera responsabilidad? ¿Buscarán en Talleres descompromir, sacando al mal menor? Esta decadencia no es de estos últimos meses, una serie continuada de desaciertos puso al equipo en la zona más incómoda y desde lo político, hoy no hay maniobra que pueda levantar la subterránea imagen de la campaña y de su líder. ¿En qué consiste la renovación?
Su hijo Sebastián, en jaque
Fassi llegó a Córdoba en medio de críticas y con la reunión mensual con la comisión directiva que se presumía como “álgida”, luego de perder en la Bombonera ante Boca Juniors, con el agravante del jugador Matías Galarza anhelando en todos los medios de comunicación, su deseo expreso de soñar con jugar con la camiseta del “Xeneize”. A pura sonrisa luego de la tercera derrota al hilo, sin lamentos. En ese contexto, la expectativa de socios estratégicos y cercanos, en principios, era una sanción al futbolista y el apartamiento de su hijo Sebastián como manager deportivo. Sin embargo, una vez finalizada la misma, mientras el deseo en las redes sociales y la oposición eran las renuncias masivas y quite de apoyo de los socios principales de gestión, nada de eso ocurrió. Nadie se le plantó a Fassi, más allá de algún liviano cuestionamiento, lejos del fuego que desde la oposición intentaron instalar.
El comunicado oficial habló de una “reestructuración integral” sin apellidos ni responsables directos: “En un marco de profunda autocrítica, la dirigencia asumió la responsabilidad por una campaña del primer equipo que no estuvo a la altura de los objetivos planteados y ratificó su compromiso de impulsar los cambios necesarios para recuperar el protagonismo deportivo. En ese sentido, se resolvió iniciar una nueva etapa en la política deportiva del Club, con una reestructuración integral del área de fútbol profesional y la dirección deportiva que siente las bases de un modelo de trabajo con planificación estratégica.
Y nada más. Fassi hijo seguiría hasta fin de año, entendiendo el actual mandatario albiazul que en algo tenía que ceder, en este caso, cuidando las formas. AH y para Galarza, multa económica y regaños, nada más, algo que el DT Omar De Felippe destacó en la conferencia de prensa, como acto casi de “educación”, como si se tratara de un Jardín de infantes.
La cuestión es que Fassi se vio acorralado, entre exponer a su hijo Sebastián como culpable que no lo es del todo, ni que el remedio pueda ser mejor o peor que la enfermedad. Talleres hace dos años que transita una crisis deportiva y una falta de representación institucional puertas adentro y en AFA que hoy ya preocupan. De hecho, el “Zorro” sigue marcando una persecución arbitral (argumento que no es tan paranoico, porque fue tomado como blanco por su distancia con el mandamás de la Casa Madre del fútbol argentino, Claudio Tapia), aunque reconoce que el haberse pegado al presidente Javier Milei en su lucha política para instalar las Sociedades Anónimas en el país más la persecución legal y judicial al “Chiqui” le cayó como blanco principal útil. Como que se sintió usado por Casa Rosada, razones por la cuál hoy no amaga a adherirse al plan reformador y opositor de River Plate y Estudiantes de La Plata.
Fassi prometió no menos de ocho refuerzos para el próximo mercado de pases, limpieza y depuración total del plantel actual, ya que el próximo año en barrio Jardín ya saben que debene pelear la permanencia en la élite nacional. Y por esa razón, evalúa una mesa integradora o algo así, siendo consciente que el hecho de haber ganado las elecciones el año pasado para su cuarto mandato consecutivo por el 80 por ciento, no le garantiza ni gobernabilidad ni tolerancia como antes. Por eso, la misiva institucional insta a la oposición a debatir ideas. “Renovar la invitación a los distintos grupos de socios a formalizar los trámites para constituirse como agrupaciones para fortalecer la institucionalidad en razón de que en la actualidad no hay ninguna agrupación conformada según la normativa estatutaria.
Y sí, se ve obligado a cambiar sus formas, ceder, incluso sacando del camino a su propio hijo de la estructura. ¿Y la próxima será la especialista en gestión empresarial Bárbara Martins, amiga de su esposa, incorporada con honores sin escalas desde Canadá? Esto es fútbol, más sencillo en el día a día pero mucho más complejo en su desarrollo. ¿Será el lema de Fassi ahora, menos familia y más vinculación política de ahora en adelante?


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