
Las listas: una cuenta que no cierra en el cordobesismo
Yanina Soria
En su rol de conductor del espacio oficialista, el gobernador Martín Llaryora enfrenta una paradoja interesante rumbo al ´27: necesita que todo el cordobesismo trabaje para su reelección, pero deberá administrar la renovación parlamentaria que se viene y que puede dejar a muchos sin los lugares que esperaban.
La realidad es que, gran parte de los dirigentes que hoy ocupan bancas en la Legislatura y en el Concejo Deliberante de la ciudad Capital, deberá buscar otro destino político, porque ya cumplieron dos mandatos consecutivos y están alcanzados por el cepo a la re-reelección. Esto ya empieza a asomar como un eventual problema, aunque, por ahora, se mueve entre conversaciones reservadas, especulaciones y cálculos individuales.
De aquel escenario en el 2019 cuando renovó mandato el ex gobernador Juan Schiaretti alcanzando un poderío legislativo abrumador con 51 parlamentarios propios sobre un total de 70, Hacemos Unidos pasó al del 2023 arrancando sin mayoría. Los apenas casi tres puntos que Llaryora le sacó a Luis Juez, se tradujeron en un peligroso equilibrio en la representación de las fuerzas políticas, para el gobierno que recién debutaba. Sin embargo, la amenaza duró poco porque rápidamente el peronismo hizo valer el peso de sus fierros y construyó una nueva mayoría parlamentaria. Lo que no pudo borrar es la retracción territorial que sufrió tras perder bancas departamentales claves y que ahora son un objetivo fuerte para la dirigencia del interior.
Con ese antecedente y anticipando una elección provincial probablemente muy trabajosa para el oficialismo, la pregunta que comienza a incomodar es ¿cómo se acomodarán esos legisladores y concejales que ya no puede repetir? Y la primera respuesta que resuena es que no habrá lugar para todos. Al menos, no los lugares que muchos esperan.
Los cargos ejecutivos pueden funcionar como una vía de contención, pero el margen tampoco es infinito, todo lo contrario. Ni hablar si Hacemos Unidos no lograra, por ejemplo, retener el municipio, las posibilidades se reducirían mucho más.
En un posible segundo periodo de Llaryora, sin dudas se producirán movimientos en el gabinete, pero nunca habrá suficientes posiciones como para resolver cada aspiración individual.
Por lo pronto, quienes ya no pueden integrar la lista de aspirantes a la Legislatura son: Manuel Calvo; Claudia Martínez; Nadia Fernández; Laura Jure; Ricardo Sosa; Carmen Suárez; Matías Chamorro; Facundo Torres; Juan José Blangino. Tampoco Julieta Rinaldi; Victoria Busso; Leonardo Limia; Mariano Lorenzo; Rodrigo Rufeil; Cristina Pereyra; Doris Mansilla; Carlos Lencinas.
En el 2023 ingresaron 20 legisladores por la lista sábana, y 13 por las departamentales. En los cálculos rápidos que ya empieza a hacer más de uno (por lo general hombres), sobre esa base, las chances se acortan todavía más cuando se atienden circunstancias como que de esa veintena, la mitad de los lugares están reservados para mujeres (nota al pie: si no fuera por la ley de cupo no existiría tal paridad). A su vez, las bancas expectables deberán ser repartidas entre los representantes que ponga el gobernador, pero también habrá una cuota reservada para el schiarettismo/viguismo, el passerinismo que algo reclamará y, eventualmente, algo para Natalia de la Sota si hubiera acuerdo. Hoy, la diputada tiene en representación de su espacio a Bernardo Knipscheer. Por tradición, además, siempre hay uno o dos renglones de la boleta destinado a la representación sindical. Con todo esto, el armado de las listas será mucho más que una operación electoral, funcionará como una fotografía de la distribución de fuerzas dentro del oficialismo.
Además, la lista sábana despierta naturalmente un interés mayor por parte de aquellos dirigentes que quieren asegurarse un escaño. A esa la tracciona el gobernador mientras que los candidatos departamentales se someten a un escrutinio directo. De hecho, hay referentes departamentales “fuertes” que apuntan a ocupar esos primeros 20 lugares de la boleta. Otros que deberán pelear cuerpo a cuerpo en sus distritos para ofrendarle un triunfo territorial al gobernador y dar vuelta el resultado del ´23. El peronismo saldrá a recuperar Río Cuarto que hoy lo tiene a Juan Manuel Llamosas como autoridad de cámara; Unión cuya referencia es Abraham Galo (aunque podría repetir por la lista sábana y colocar otro nombre en la compulsa departamental); Marcos Juárez, territorio que podría defender Eduardo Foresi; Juárez Celman, iría el intendente de Ucacha, Ariel Moreyra como posible candidato; Punilla, donde podría anotarse el hoy intendente de Capilla del Monte, Fabricio Díaz. El departamento San Martín es otro distrito grande a recuperar, allí tallan Eduardo Accastello y su esposa Verónica Navarro, aunque también empieza a asomar en el horizonte Martín Gill, recientemente sobreseído en la causa judicial por la que renunció como ministro.
En el caso del Concejo Deliberante la sábana del Partido Cordobés también asoma corta. De los 16 ediles, sólo podrían repetir Soledad Zarazaga; Mónica Rosales; Mauricio Romero, Miriam Aparicio y Martín Simonian, aunque este último podría pasar a la lista legislativa empujado por el passerinismo. En la bancada oficialista actual, hay representantes del intendente naturalmente, del gobernador, pero también de Miguel Siciliano, de Natalia de la Sota y de Alejandra Vigo. Con lo cual, allí también sobrarán aspirantes y faltarán lugares. Ese reparto podría acotarse aún más si además el candidato a intendente es un extrapartidario que, obviamente, pedirá lugares para los suyos.
Ya no pueden repetir jugadores expectables como Raúl La Cava, Marcelo Rodio, Sandra Trigo, Juan Domingo Viola, entre otros.
Lo cierto es que a medida que se acerque la definición de las candidaturas, los intereses individuales empezarán a chocar con las necesidades de la coalición que Llaryora promete seguir ampliando. Habrá quienes reclamen reconocimiento por su trayectoria, a la lealtad, quienes pidan oportunidades y quienes pretendan que su representación territorial se traduzca en un lugar concreto en las listas.
La renovación obligada puede convertirse, así, en el detonante de una discusión interna más profunda sobre el futuro del cordobesismo: cómo se distribuye el poder, qué lugar tienen las distintas vertientes del peronismo y hasta qué punto el liderazgo de Llaryora alcanzará para ordenar.
El gobernador tiene hoy una consigna capaz de reunir al oficialismo que es su reelección. Sin eso, no hay nada para nadie. Y todos lo saben. Pero esa coincidencia no significa que tengan asegurado un lugar en el próximo esquema de poder.


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