Saboreando la Constitución

En 1° de Mayo muchos disfrutan de un plato de locro caliente, pero en esa fecha no hay nada más rico que una buena Carta Magna

Nacional 02 de mayo de 2024 Javier Boher Javier Boher
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Por Javier Boher
El 1° de Mayo es una fecha especial. No se trata solamente del festejo ecuménico de los trabajadores, sino que es un día que reviste una importancia particular para los argentinos. Aunque algunas veces parece que es el día del locro, en realidad para los argentinos es el día de la Constitución Nacional. 
La asociación del locro al primero de mayo obedece a una cuestión básica de coincidencia popular, cuando dejó de ser una fecha de reivindicación de la lucha obrera para pasar a ser un día más dentro del cronograma de celebraciones peronistas. Hay que recordar aquel viejo afiche del primer peronismo en el que se comparaban las celebraciones antes y después de la irrupción del general Perón, pasando de las banderas rojas y las refriegas a una fiesta con locro y banderas celeste y blancas. Siempre es bueno recordar que Marcelo T. de Alvear le ganó de mano a Perón por dos décadas, habiendo decretado feriado por el Día del Trabajador el 1° de Mayo de 1925.
No es caprichoso vincular a radicales y peronistas con tan particular día en el calendario, pero especialmente por tratarse del Día de la Constitución. Este 2024 se cumplen 30 años desde la sanción de una nueva Constitución para el país. Mucho se ha escrito -y mucho se ha criticado- sobre el Pacto de Olivos y las reformas introducidas por la convención constituyente en el texto fundamental de la organización política argentina, pero la distancia nos ayuda a alejarnos un poco de las discusiones y relatos construidos por entonces, para ver todo con una nueva luz.
Es a raíz de este aniversario que el periodista Rodis Recalt se propuso rescatar la fecha en un podcast denominado Generación '94, una forma de acercar a aquellos convencionales constituyentes a lo que fueron las generaciones del '27 y del '80 que pensaron y construyeron este país. A tres décadas de aquello quizás no sea tan exagerado, por cuanto moldearon el sistema político actual y evitaron que ocurriera un nuevo quiebre institucional.
Hasta ahora he escuchado solamente los cuatro primeros episodios. Comienza la serie el periodista Carlos Pagni, comentando cuál era el contexto general y aportando algunos datos de color. En segundo lugar, Enrique "Coti" Nosiglia, personaje central de la negociación con el peronismo como uno de los hombres de confianza de Alfonsín. En tercer lugar habla Eduardo Menem, que aporta la visión cercana a su hermano Carlos, el presidente que necesitaba la reelección. El último que escuché (me faltan tres para ponerme al día) es el de Horacio Massaccesi, uno de los gobernadores de la convención y uno de los dos radicales que estaba ejerciendo un cargo de esos (el otro gobernador radical era el cordobés Angeloz).
Hay pocas cosas más interesantes que escuchar la historia narrada por sus protagonistas, especialmente ahora que ya pasó tanto tiempo y que no hay que medir tanto los movimientos para evitar problemas políticos o de gestión. Es notable escuchar la forma en la que los políticos de ambos lados le tiran flores a algunos del bando rival, sabiendo que hoy pueden reconocer sin problemas esa buena sintonía porque no va a llegar ningún fanático a pedir sus cabezas. 
Hay mucho jugo en cada entrevista, pero fuera de las particularidades de cada una emergen ciertas cuestiones claras que le dan mucho más sentido a todo lo que pasó. Lo primero, y más importante, es la manera en la que Alfonsín sale a evitar una crisis institucional al encauzar el hambre reeleccionista de Menem. Los radicales hablan despectivamente de que el presidente, "a lo peronista", no tenía miedo de atropellar las instituciones para alcanzar su objetivo. Si ya estaba decidido a hacerlo, qué mejor que tratar de limitarlo y quedar bien parados para lo que siguiera.
Massaccesi se pregunta sobre qué iba a hacer el radicalismo si el presidente avanzaba como en 1949: ¿se iban a quedar de brazos cruzados, agitando abstencionismo y viendo cómo todo queda a favor del peronismo? Ahí van loas a Alfonsín. Menem agrega una cosa más, que no es menor. La Constitución de 1949 había sido discutida porque no había estado el radicalismo, pero para la reforma de 1957 el que estaba proscrito era el peronismo. Esto les presentaba la posibilidad de legitimar una constitución con todos los sectores dentro.
La segunda cuestión que también me llamó la atención es cómo todos reconocen la voluntad de todos los sectores políticos de sacar la Convención adelante. Estaban todos los sectores del arco político representados, había gobernadores, un ex presidente, militares carapintadas, sectores más afines a la iglesia, progresistas de todos los colores e intereses de distintas provincias. Sin embargo, aunque en ocasiones pudiera haber matices o desencuentros, todos estaban comprometidos con ese momento en el que estaban haciendo historia. Hoy parece haber una sociedad muy polarizada y políticos muy poco preparados como para embarcarse en tan difícil tarea.
Finalmente, la sensación de que la obra quedó incompleta. La obligación de terminar en 90 días dejó ciertas cuestiones abiertas, que debían ser reglamentadas por leyes del Congreso. Ahí se echó a perder parte de la buena obra previa, por legislación mezquina según las necesidades del momento.
La Constitución es una pieza fundamental de nuestro sistema político, un instrumento de control del poder político basado en una visión liberal y republicana del lugar que le corresponde a los ciudadanos y de los límites que deben respetar los políticos. No hay que tenerle miedo a los políticos que quieren cruzar esos límites, sino a los que renuncian a la obligación de hacerlos respetar. Es lindo comer locro el 1° de Mayo, pero más lindo es recordar que ese texto nos protege de los impulsos autoritarios del presidente de turno.
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