La libertad de elegir

El desempate de la Ley de Bases en el Senado mostró que el presidente eligió bien a su compañera, pero debe seguir tomando decisiones sobre aliados para su gobierno

Nacional 14 de junio de 2024 Javier Boher Javier Boher
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Por Javier Boher

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La vida está plagada de elecciones. Desde que nos levantamos cada mañana, a lo largo del día vamos tomando decisiones. Algunas son triviales o intrascendentes, mientras que otras pueden cambiarnos el curso del día, el año o hasta la vida. Esas decisiones pueden ser conscientes y con mucha reflexión, mientras que otras pueden ser tomadas de golpe y sin pensarlo demasiado. La vida se trata de aprender a elegir.

Hace un tiempo escuchaba un podcast en el que trataban sobre el ascenso de Javier Milei al poder y las posibles derivas de su lucha cultural. Allí se hablaba de que había decidido respaldar a una minoría de nostálgicos de la dictadura que no tienen más votos que los que pudo obtener Gómez Centurión cuando fue candidato. No había sentido en incluir a ese 2% que en un escenario de paridad no tenía adónde ir y naturalmente se decantaría por la opción más a la derecha. Pero Milei eligió reconocerlos poniendo en la fórmula a Victoria Villarruel. Y eligió bien.

La vicepresidenta fue clave para desempatar en la votación en general y en la delegación de superpoderes. Fue una pieza clave para que hoy el gobierno pueda festejar que consiguió su primera ley, alejando los fantasmas de una crisis institucional. Villarruel quiere ser presidenta, pero sabe que no tiene otro camino -al menos por ahora- que encolumnarse firmemente detrás del presidente. 

Tal vez por eso algunos se reían de la senadora que tildó a Milei de “enfermo mental”: el loquito al menos supo elegir mejor a su vice que Cristina, la que le erró dos veces al elegir a Cobos y Boudou. El primero votó en otro sentido respecto al gobierno que integraba, mientras que el segundo se quiso quedar con la fábrica de billetes y se convirtió en una de las grandes caras de la corrupción kirchnerista. Es más, eligió incluso mejor que De la Rúa, que fue apuñalado por un Chacho Álvarez que renunció al cargo.

En redes también hubo gente enojada con algunos senadores del kirchnerismo que fueron importantes para que salga la ley. El correntino Camau Espínola y el entrerriano Eduardo Kueider fueron señalados como traidores a la patria. Le quisieron endilgar la decisión de que ocupen la banca a Alberto Fernández, a pesar de que ningún lugar de la lista salía si Cristina no lo visaba. Ella también eligió a esos personajes y a Alberto, lo que hace que todos nos preguntemos si alguna vez supo elegir algo bien.

Lo interesante del caso de Espínola es que hasta pidieron su expulsión del PJ, lo que confirma el ingreso del kirchnerismo a una etapa de radicalización en el sentido en el que ya le hemos dado aquí: se parecen cada vez más a la Unión Cívica Radical, siempre dispuesta a echar a los que ven que el triunfo está prescindiendo del purismo de la lista 3.

Pese a esas decisiones aparentemente doctrinarias (que nunca lo son, porque a algunos los echan y a otros los hacen presidentes del Comité Nacional) el radicalismo demostró su pragmatismo y su conocimiento de los resortes de la política. Si la semana pasada le demostró al presidente que puede llegar a acuerdos con el kirchnerismo para imponerle dos tercios de la cámara, ayer le dejó bien en claro que son los que tienen la llave para la gobernabilidad. 

Seguramente las necesidades de gestión de los gobernadores tendrán algo que ver, pero también habrá algunos que se den cuenta de que el escenario cambió y que ponerse en el lugar del progresismo blanco universitario los puede dejar muy mal parados en las próximas elecciones legislativas, cuando se renueven muchas bancas del extinto Juntos por el Cambio. Por eso el radicalismo eligió acompañar el proyecto con sus disidencias y negociaciones, porque entiende que cuando la gente vuelva a elegir ellos tienen que estar en consideración.

El que tiene que decidir qué va a hacer con el radicalismo es Javier Milei, que prefiere golpearlo y basurear en público a más no poder. Tal vez tenga que ver que en un descuido el radicalismo puede actuar del modo que le gusta a Lousteau y los suyos, siendo un socio no tan confiable para integrarlo al gobierno. Compensarlos con dinero público, sí; meterlos en lugares de decisión, no. Macri pagó caro en la gestión lo que fue una alianza necesaria en los votos, por lo que Milei parece elegir dejarlos como monotributistas en lugar de dejarlos efectivos.

La ley es menos ambiciosa que la versión inicial y le faltan algunas cuestiones importantes. Hay quienes dicen que en diputados están los números para revertir los cambios que introdujo el senado, lo que le devolvería parte de su espíritu inicial, pero no hay nada firme. De aquel impulso refundacionista a este proyecto realista y posible hay un trecho grande, pero tal vez sea un primer escalón con el que el presidente pueda darle un nuevo envión a su gobierno.

Elegir no es algo menor. Hasta hace 30 años el Senado era una representación de los intereses de las provincias, un ente corporativo que funcionaba como reaseguro blindado del peronismo. El hecho de que los ciudadanos puedan elegir por medio del voto directo a sus representantes democratizó el cuerpo y recién hace tres años el peronismo perdió la mayoría que tenía desde 1983.

Quizás esta ley finalmente cumpla su cometido y le traiga a los ciudadanos más libertad para elegir, porque ¿qué tan completa está una persona si no tiene la posibilidad de hacerlo?

 
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