
Es fácil hablar de la gente de las islas como si no llevaran casi 200 años viviendo allí, siendo argentinos por haber nacido en suelo argentino
Parte 1/2
Nacional21 de noviembre de 2024 Daniel Alvarez SozaPor Daniel Alvarez Soza
Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales.
Doctor en Ciencia Política.
A las 10:00 de la mañana del 10 de noviembre de 1971, Fidel Castro llegaba a Chile, en lo que sería una prolongada estadía que duró casi un mes, aun cuando originalmente ésta sería de diez días. El Jefe cubano recorrerá prácticamente todo el país, dando consejos a los obreros sobre como ganar la batalla de la producción y a los hombres de gobierno sobre la necesaria unidad de la UP y de la activación del proceso revolucionario.
La visita del Primer Ministro cubano, tuvo un factor polémico desde su inicio, lo que venía a acentuar la ya existente polarización política, que se vio agravada ante la actitud mostrada por Salvador Allende, esto luego de ser consultado por la prensa de la época en cuanto a la presencia de tan polémica visita; respondiendo: “…Lo invité porque me da la gana, e invito a quien quiero” (1).
Como señaláramos, Castro recorrió gran parte del territorio chileno, tal es así que los medios de la época así comentaban sus actividades: “…. Fidel recorre Chile y su oratoria va quedando en todas partes”.
“Donde definiendo a chilenos y cubanos dice: “Pueblos con coraje, que están escribiendo la historia emancipadora de América, y que han empezado a conquistar definitivamente su liberación”.
“El público lo ovaciona a su paso por las calles. En la comuna de San Miguel (Santiago), donde coloca una ofrenda floral ante el monumento de José Martí, en la Gran Avenida, carteles dicen: “Fidel: la Sierra Maestra de San Miguel te saluda”.
A medida que pasan los días, los chilenos van viendo en Fidel Castro “el paulatino cambio de opinión, apenas velado por la cortesía, respecto de Chile y a la vía pacífica hacia el socialismo”. Recién llegado “dio a entender en forma explícita que el camino chileno, o sea, arribar democráticamente al socialismo, era muy posible y, en nuestras circunstancias, tan lógico y recomendable como había sido el camino violento en el caso cubano”.
“El calendario sigue corriendo y el nuevo Castro va dando paso al antiguo. Sin embargo, el broche de oro de su estada en Chile, lo pondrá en la última jornada de aquella y que tuvo lugar en el Estadio Nacional” (2), la cual resultó un fiasco por la modesta presencia de asistentes que concurrieron.
Así por ejemplo, podemos citar parte de uno de los tantos discursos, como el concedido en la Central Única de Trabajadores de Chile (CUT) el día 23 de noviembre de 1971:
“…. Nosotros entendemos que la Revolución es un camino, que la revolución es un proceso. No existen revoluciones hechas, no se hace revoluciones preconcebidas; porque las revoluciones, que son hijas de las realidades, son hijas de la vida y son hijas de las leyes de la historia, no pueden ser preconcebidas.
Las revoluciones, desde luego, aunque sean hijas de las leyes de la historia no se hacen solas, las hacen los hombres. Y los hombres juegan un papel importante en la interpretación y en la aplicación de esas leyes…”
“Pero una revolución es un proceso, una revolución es un camino, una revolución no se adquiere en un supermercado. No existen revoluciones hechas; hay que hacerlas. Y es un camino largo y hay que trabajar en ello todos los días”…. “Y nosotros estamos todavía haciendo Revolución. Y creo que vamos a tener que estarla haciendo como 50 ó 100 años, y creo que la Revolución es eterna. Lo único eterno es la revolución porque las sociedades humanas siempre tendrán que luchar por mejorar y progresar” (3).
“La visita del Comandante Castro dejó más desunidos a los chilenos. Sólo se hablaba de revolución, de enfrentamiento y de guerra civil. Chile parecía estar habitado por dos pueblos distintos: los opositores, a quienes el Comandante dejó el apodo de “fascistas” y los gobiernistas o “upelientos” (adeptos a la UP), cuyas filas se verán reforzadas con la entrada al país de más de 15.000 guerrilleros brasileños, uruguayos, peruanos, argentinos (particularmente del ERP-PRT, Montoneros y de las FAR), mexicanos, bolivianos que disfrazaban sus actividades verdaderas como funcionarios públicos, empleados de empresas nacionalizadas y profesores universitarios, estudiantes, etc.” (4).
Con el pasar de los días Fidel Castro se inmiscuyó en las cuestiones internas de Chile y no perdió oportunidad en ello, para criticar a la oposición de la U.P. Sin duda, que la visita del líder cubano radicalizó aún más el grado de extremismo al interior del gobierno izquierdista. Dándose en forma más ostensible el abandono por parte de Allende de la vía constitucional como elemento de legitimidad de su gobierno, con lo que se abría paso a la vía armada. Creemos, sin embargo, que la aparición de Castro en el “experimento socialista” de Salvador Allende nada tuvo que ver con el apoyo a esta alternativa que se trataba de imponer en Chile, más bien tuvo un factor crítico en el sentido de que la única forma de impulsar una revolución era por la vía armada, criterio que el propio líder caribeño expresara en su visita, y que anotáramos precedentemente.
El que el régimen marxista de la Unidad Popular contara o no con armamento suficiente para llevar adelante su revolución se convierte en un tema secundario. Decimos esto, por cuanto, luego de la visita de Castro llegarán los llamados “bultos cubanos”, que generaron críticas de los más diversos sectores al gobierno, no autorizándose a las autoridades aduaneras el poder revisar el contenido de los misteriosos paquetes provenientes desde Cuba. Posteriormente, Allende explicará el contenido de estos, luego de las fuertes presiones que el hecho provocó diciendo: “Me permito informarle que, efectivamente, la aeronave de la Línea aérea Cubana de Aviación, arribada a Pudahuel el 11 de marzo pasado, transportó algunos obsequios que fueron enviados por el Primer Ministro de Cuba, tanto a mí como a otras autoridades chilenas.
Asimismo, les informo que estos objetos fueron trasladados con posterioridad hasta mi residencia de Tomás Moro”. Sin embargo, luego de la caída del Gobierno de Allende, “….se publicará la lista de esos contenidos, confirmada por el propio Fidel, los obsequios castristas eran un impresionante arsenal de armas, aún semipesadas, y municiones y explosivos; con él se equipó un pequeño ejército del GAP (Guardias de amigos personales del Presidente), en las diversas viviendas de Allende: Tomás Moro, Cañaveral y La Moneda” (5).
La tradición revolucionaria del mandatario chileno se hará más manifiesta, con cada una de sus acciones que descansaban en un pasado en el que la figura de la Revolución Cubana influenció a los políticos tradicionales de la izquierda chilena, aún cuando ninguno de ellos pareció convencido como para cambiar las vestiduras parlamentarias por las de guerrillero.
Visitantes asiduos de Cuba como el entonces Senador Allende, Carlos Altamirano y otros dirigentes socialistas, como posteriormente miembros del Partido Comunista se limitaron durante los 11 años (1959-1970) a una labor de resonancia de las bondades del socialismo cubano.
La acción que más clarifica esta esencia revolucionaria de Allende se puede demostrar en la relación que éste mantuvo con el Che Guevara en su incursión por Bolivia, ya que una vez muerto, los guerrilleros sobrevivientes que lograron huir, consiguieron alcanzar la frontera de ese país con Chile, siendo el entonces Senador quien tomó contacto con los fugitivos. Por lo que actúo como “escolta” de estos hasta Tahití en el viaje de regreso a Cuba.
Entre los guerrilleros sobrevivientes se encontraban los cubanos Harry Villegas (“Pombo”); Leonardo Tamayo (“Urbano”) y Daniel Alarcón (“Benigno”).
En el mes de enero de 1968, surgieron las primeras noticias informando que algunos guerrilleros que habían combatido junto a Ernesto Che Guevara se encontraban vivos, hecho que fue dado a conocer por el propio Presidente de Bolivia, Gral. René Barrientos.
Bibliografía
1.- Entrevista concedida al diario argentino “El Cronista”. Citado por Revista “Qué Pasa”. Reportaje: Chile bajo la Unidad Popular”. Santiago. Chile. Año 1986. Número: 4, Pág. 18.
2.- FRIAS VALENZUELA. Francisco. “Historia de Chile” Tomo IV. La Republica hasta 1973. Ob. Cit. Págs. 463.
3.- “Chile 1971: Habla Fidel Castro”. Colección, Imagen de América Latina. Editorial Universitaria. Santiago- Chile. 1971. Págs. 24, 25 y 26.
4.- ALVAREZ, Luis. CASTILLO, Francisco. SANTIBAÑEZ, Abraham: “Martes 11. Auge y caída de Allende”. Editorial Triunfo. Santiago. Chile. 1973. Pág. 31.
5.- Revista “Qué Pasa”. Reportaje: Chile bajo la Unidad Popular”. Santiago. Chile. Año 1986. Número: 6, Pág. 8.
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2da parte. Continuidad de la primera editada con fecha 26 de marzo
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