
La fe antisistema
J.C. Maraddón
Entre todas las leyendas forjadas dentro del rock argentino de los ochenta, hay una que ubica a Luca Prodan como reemplazante del Indio Solari al frente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, durante un show de este grupo en un festival en el club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires en 1983. Es sabida la aversión de Solari a las presentaciones en este tipo de eventos, por lo que el grupo lo habría convocado a Prodan para la ocasión. Este intercambio refleja la comunión de intereses que había entre los Redondos y Sumo, por entonces confundidos en el magma de la escena alternativa.
De esa travesura, emerge otra intersección que trajo impensadas derivaciones: Luca interpretó esa vez un tema del Indio llamado “Mejor no hablar de ciertas cosas”, que habría memorizado y llevado al siguiente ensayo con sus propios músicos, para incorporarlo al repertorio de Sumo. De hecho, cuando esta banda lanzó a fines de ese 1983 su casete independiente “Corpiños en la madrugada”, la canción figuraba como la segunda del lado A, con créditos que adjudican la autoría a Solari, Prodan, Diego Arnedo y Germán Daffunchio, estos dos últimos responsables, respectivamente, de los arreglos de bajo y guitarra rítmica.
La historia conoce otra variante que sitúa el descubrimiento por parte de Luca de la letra de “Mejor no hablar de ciertas cosas” en circunstancias de una visita suya a la casa de Skay Beilinson y la Negra Poly, el guitarrista y la manager de los Redonditos de Ricota. Más allá de cuál relato se ajuste mejor a la verdad, en los dos casos lo que queda claro es que había en ese entonces un sustrato común entre estos dos grupos que iban a dar paso a una corriente del rock argentino que se diferenciaba de sus antecesores del género.
La simpatía entre Luca y el Indio (que Solari definiría más como admiración que como amistad) se iba a patentizar dos años después cuando sus respectivas agrupaciones protagonizaran el arranque de su discografía oficial. En abril de 1985, a través de la compañía multinacional CBS, Sumo publicó “Divididos por la felicidad”, donde se destacaba un potente registro de “Mejor no hablar de ciertas cosas”. Tres meses más tarde, se editaba “Gulp!”, el primer disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que salía gracias a los oficios del sello Wormo, un emprendimiento de la cooperativa musical de la familia Vitale.
Esta realización germinal cerraba con “Criminal mambo”, otra composición que cruzaría los destinos de los dos proyectos rockeros, porque alguna vez Luca Prodan subió a cantarla en shows de los Redondos. Es una pieza muy densa y oscura, que contrasta con el resto del material de aquel disco, donde predomina el clima festivo de la primavera democrática. En el arte del álbum, se reproduce una supuesta circular del COMFER que data de 1976 y que prohíbe la reproducción pública de “Criminal Mambo”, un falso documento que sin embargo tenía visos de realidad en la Argentina posdictadura.
Tantas coincidencias entre dos ídolos emergentes del rock de los ochenta en nuestro país, se eclipsan ante una profunda grieta que separaba sus cosmovisiones acerca de la producción cultural. Porque mientras el Indio defendía a rajatabla una concepción independentista en oposición al “sistema”, Luca tenía en claro que cuando un artista se tornaba popular se veía forzado a abandonar el underground, y que hacer tratos con la industria del entretenimiento no representaba ningún pecado, en tanto en esa negociación no se resignara nada de lo que se consideraba esencial para la propuesta creativa que se venía desarrollando.
La efímera carrera de Prodan concluyó de manera trágica en diciembre de 1987, cuando su fallecimiento anticipó el final de una etapa gloriosa para la evolución del rock en Argentina. Los Redonditos de Ricota, en cambio, persistieron en lo suyo con una trayectoria de enorme suceso, que legó una obra inconmensurable pero que también pagó cara esa obcecación por mantenerse al margen de concesiones inevitables para un número musical con semejante convocatoria. Tras la separación de 2001, después de su inolvidable actuación en el Kempes, la etapa solista del cantante no experimentó cambios en esa dirección, trazada desde sus orígenes en la movida hippie de la ciudad de La Plata.
La despedida multitudinaria que le tributaron sus seguidores al Indio este fin de semana, no deja de darle la razón a Luca Prodan en este debate que trasciende los límites de la polémica rocanrolera. Ante la muerte de un personaje de tamaño arraigo masivo, la cobertura nacional e internacional de sus funerales se hace necesaria, aun por parte de los medios hegemónicos. Circunscribir el homenaje al círculo cerrado de la contracultura hubiera sido un despropósito. Y así lo entendieron sus familiares, que abrieron el juego para que todos los que lo admiraron pudieran decirle adiós sin preguntarles por su fe antisistema.







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