
Un cantante bajo la lluvia
J.C. Maraddón
Los pocos meteorólogos que se animaban a realizar pronósticos 46 años atrás, se manejaban con la escasa precisión que les permitían las precarias herramientas tecnológicas con las que contaban en esa época y, por eso, las probabilidades de acertar se reducían. En Canal 10, desde los años setenta habían incorporado en el bloque noticioso a Carlos Eschoyez, quien con su puntero y un mapa brindaba las perspectivas del tiempo, mientras desplazaba unos imanes con imágenes de sol, nubes y lluvia, en tanto que otras veces se paraba frente a una pizarra y dibujaba con un fibrón los centros de alta y baja presión, y el desplazamiento de los frentes de tormenta.
La situación distaba mucho de la actual, cuando encontramos desperdigadas por todas partes estaciones que miden temperaturas, milimetrajes, velocidad y dirección del viento, porcentaje de humedad y muchos datos más, para alimentar los modelos sobre los que, junto a las imágenes satelitales y de radar, se elaboran las perspectivas climáticas. A principios de los ochenta todavía no se hablaba de la sensación térmica ni del riesgo de incendio, ni del índice de contaminación del aire. Mucho menos se emitían esas alertas que publica el SMN para que la población pueda ponerse a cubierto.
De haber existido ese servicio el 9 de febrero de 1980, quizás Mario Luna hubiera postergado la jornada de apertura de su Primer Festival Argentino de Música Contemporánea, porque se hubiera puesto al tanto de que en la noche de ese caluroso sábado, se iba a descargar la furia de un temporal sobre la región serrana. En esos años aún quedaban bajo la tutela del azar los eventos que se desarrollaban al aire libre, como este que había elegido como sede el Anfiteatro Municipal de la ciudad de La Falda, donde en ese momento no había un techo protector.
Pese a la cerrazón cultural que había impuesto la dictadura, el organizador consiguió esa vez movilizar a unos seis mil jóvenes que desafiaron el estado de sitio y llegaron al valle de Punilla desde distintos puntos del país, atraídos por las figuras rockeras que habían comprometido su presencia en el encuentro. En una lista encabezada por Serú Girán, también resultaban convocantes los nombres de Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre, León Gieco, Raúl Porchetto y Vox Dei, que llegaba con su legendaria formación de trío: Ricardo Soulé en guitarra, Willy Quiroga en bajo y Rubén Basoalto en batería.
En 1978, el grupo había publicado el disco “Gata de noche”, con el que se concretó el regreso de Soulé después de cuatro años de ausencia, durante los cuales intentó un lanzamiento como solista que no prosperó. Pero, más allá de lo coyuntural, Vox Dei apoyaba su prestigio en los aportes que había hecho al rock argentino entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta con su álbum conceptual “La Biblia”, más las canciones clásicas de su repertorio como “Presente (el momento en que estás)”, “Canción para una mujer (que no está)” o “Ritmo y blues con armónica”.
Luego de una consagratoria actuación del grupo Raíces, que pese a la tormenta ya desatada tuvo el acompañamiento del coro del público en su tema “Esto es candombe”, y de un León Gieco que saboreaba las mieles de su exitosa “Sólo le pido a dios”, Vox Dei tenía a su cargo el cierre de esa velada inaugural, pasada la medianoche y con una multitud que resistía a pie firme las inclemencias climáticas a las que se veía sometida. Muchos de esos jóvenes paraban en carpas que a duras penas podrían resistir el vendaval, en tanto que otros iban a dormir debajo de toldos o en la galería de la estación de trenes.
Cuando Vox Dei salió a tocar, la precipitación ya había tomado proporciones de diluvio y una cortina de agua caía con fuerza sobre quienes permanecían en el predio, apenas resguardados por paraguas e impermeables, o resignados a mojarse. Fue tan desproporcionado el chaparrón, que la gente empezó a trepar al escenario para quedar a cubierto de su generoso alero. Tan peligrosa instancia culminó con los músicos confundidos entre los fans, en medio de truenos y relámpagos que se extendieron hasta la madrugada.
Estaba próximo a cumplir 30 años ese Ricardo Soulé que protagonizaba tan curioso episodio en La Falda, en el mismo lugar donde al día siguiente iba a participar de una zapada final junto a Héctor Starc, David Lebón, Charly García, Oscar Moro, Pedro Aznar y Mono Fontana. También intervinieron en la improvisación sus compañeros en Vox Dei, Quiroga y Basoalto, de los cuales iba a volver a distanciarse un año más tarde. Soulé, aquel cantante bajo la lluvia, falleció el viernes pasado a los 76 años en Quilmes, provincia de Buenos Aires, esa ciudad desde donde inventó un estilo de rock barrial que se ganó su lugar en la historia.







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