
La sensibilidad que vuelve
J.C. Maraddón
Cuando en 1984 Soda Stereo lanzó su disco debut, el trío quedaba encapsulado como una más de las formaciones que seguía la senda de The Police, terceto de enorme éxito mundial surgido en Inglaterra a finales de los setenta, cuya música directa y efectiva fue muy influyente en sus contemporáneos latinos. G.I.T. en Argentina, Os Paralamas do Sucesso en Brasil y Los Prisioneros en Chile, son otros de los referentes de esta tendencia que replicó en Sudamérica ese estilo sonoro que reunía elementos del punk, del reggae, del rock y del pop, sumados a letras ocurrentes que portaban mensajes simples y entradores.
Entre nosotros, Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti representaron en sus inicios una respuesta a las corrientes progresivas y de fusión que venían reinando desde la década anterior. Su desenfado contrastaba con la seriedad y el virtuosismo de bandas como Serú Girán o Spinetta Jade, que eran los mascarones de proa del rocanrol local hacia el final de la dictadura. Soda Stereo aspiraba a conquistar los favores de la camada que recién ingresaba al circuito rockero y pretendía encontrar allí una sintonía afín a sus intereses, algo que resultó fundamental para que los nuevos artistas consolidaran su ascenso.
En 1985 salió a la venta “Nada Personal”, su segundo álbum, que confirmó al grupo como uno de los adalides de la renovación musical y fue portador de hits como el que tiene el mismo título del larga duración; y “Cuando pase el temblor”, canción que luego daría pie a la realización del primer videoclip nacional, rodado en Tilcara. Si bien se escuchaban allí sones que sobrepasaban la inspiración de The Police para abarcar otras vetas de moda, la banda no se decidía aún a abandonar lo que había sido su marca registrada y el motivo por el cual se había destacado en el lote de jóvenes promesas.
A comienzos de 1986, Soda Stereo se encontraba ante las puertas de una consagración más allá de las fronteras, desafío que desvelaba entonces a varias de las figuras del rock argentino, que empezaban a vislumbrar la posibilidad de convertirse en un producto de exportación. Los siguientes pasos de la banda debían ser encarados con el profesionalismo correspondiente, una tarea difícil (aunque no imposible) de emprender para esos tres muchachos que se desayunaban con los pros y los contras de la fama. Sin embargo, el talento se iba a imponer por sobre cualquier otra contingencia.
El resultado de varios meses de trabajo se iba a conocer el 10 de noviembre de 1986, cuando saliera a la venta “Signos”, la tercera y definitiva producción discográfica de Soda Stereo, cuya incomparable lista de temas se traduciría en récords de ventas y en una difusión radiofónica sin precedentes. A tono con ese momento en que nuestro rock brillaba como nunca lo había hecho en el pasado, la agrupación liderada por Gustavo Cerati se situaba a la altura de las circunstancias con una obra que hoy es considerada una de las más fulgurantes de su tiempo.
Con ese disco como arma, el grupo asumió la conquista del continente, en un quiebre de su carrera que los llevaba a un estrato superior, evolución que se plasmaría en sus álbumes posteriores. “Signos” significó un salto de calidad porque, a pesar de que conservaba la frescura previa, sincronizaba con cierta oscuridad propia de la época, en una conjunción arrobadora que mezclaba melancolía, diversión y magnetismo. “Prófugos”, “Persiana americana” y “Signos” son clásicos del rock en castellano que comenzaron a escucharse hace cuarenta años y que no han detenido su presencia en el gusto popular, más allá de las cuatro décadas que han transcurrido.
Cuenta la leyenda que una ruptura amorosa y un posterior cúmulo de excesos que lo obligaron a una internación, fueron los disparadores para que Gustavo Cerati compusiera ese repertorio letal que terminó de elevarlo a la categoría de ídolo. Lo concreto es que las letras (con la colaboración de Isabel de Sebastián en “En camino” y Jorge Daffunchio en “Persiana Americana”) lograron transmitir sensaciones con las que muchos de sus seguidores podían identificarse. Y no sólo ellos, sino también otras personas que se unieron a las huestes de fanáticos a partir de este rotundo lanzamiento.
La presentación de este LP, que sería el primero en Argentina en contar con una edición en CD, derivaría en una gira latinoamericana que abarcaría diez países y que en su tramo nacional se vería opacada por un accidente que dejó como saldo una víctima fatal durante un show en San Nicolás. En el cuadragésimo aniversario de “Signos”, no caben dudas de que su legado goza de buena salud y que todavía suena actual, quizás ayudado por la necesidad que parece haber de reflotar viejas glorias de un periodo que vuelve a conmover a quienes conservan un corazón pleno de sensibilidad.






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