
Cuando parece que nada bueno vendrá
J.C. Maraddón
En 1963, la inestable carrera artística de Judy Garland pareció encauzarse a partir de un contrato que firmó la actriz y cantante estadounidense con la cadena CBS de televisión, para conducir durante cuatro años un programa musical los domingos por la noche. Las ganancias establecidas allí para la estrella hollywoodense representaban un récord absoluto hasta ese momento y le garantizaban a esa mujer, que a los 41 años vivía acosada por adicciones y problemas de salud mental, la posibilidad de pagar sus deudas con el fisco y salir adelante luego de haber sido cancelada en la industria cinematográfica por su comportamiento errático.
Con el respaldo de figuras como Frank Sinatra y Dean Martin, Judy Garland se lanzó a esa aventura televisiva a partir de la fama que había cosechado con películas como “El Mago de Oz” (1939) y la primera remake de “Nace una estrella” (1954), donde sus condiciones como intérprete vocal la posicionaron entre las divas de su tiempo. Para alguien que venía con semejantes pergaminos, convertirse en animadora de TV era un desafío de destino incierto, pero la situación de sus finanzas no le daba opciones y asumió ese compromiso como una forma de reinstalarse en el mercado.
Garland aceptó imposiciones que no la favorecían, como los pasos de comedia que compartía con el humorista Jerry Van Dyke, donde se incluían chistes inapropiados sobre sus desequilibrios de peso y sus vaivenes laborales. Aunque obtuvo críticas más bien positivas, “El show de Judy Garland” no logró cifras razonables de audiencia que compensaran lo que CBS había invertido y fue levantado del aire antes de cerrar su primera temporada. En los episodios finales, cuando ya estaba todo perdido, se había descartado a los comediantes y se había priorizado la participación de cantantes invitados que acompañaran a la presentadora.
A principios de octubre de 1963, cuando todavía estaba Norman Jewison al frente de la producción del ciclo, se emitió el envío en el que Judy Garland cantaba a dúo con una por entonces jovencísima Barbra Streisand, quien con apenas 21 años acababa de publicar su álbum debut. Juntas, entonaron una mixtura entre dos canciones: “Happy Days Are Here Again”, grabada por Streisand en aquel primer disco, y “Get Happy”, un clásico del repertorio de Garland. Esa actuación compartida, que hoy se anida en el infinito archivo de YouTube, es una joya musical en la que confluyen dos vocalistas inigualables.
Sabido es que Judy Garland, madre de Liza Minnelli, iba a morir en 1969 por una sobredosis involuntaria de barbitúricos, cuando tan sólo contaba con 47 años. Y que Barbra Streisand iba a desarrollar un trayecto profesional descollante en el cine y en la música, uno de cuyos hitos quizás haya sido el papel protagónico que desempeñó en la versión de 1976 de “Nace una estrella”. Dos glorias del espectáculo internacional quedaron unidas para siempre en aquella performance dentro de un programa de televisión, que en los noventa iba a ser remasterizada e incorporada a un CD recopilatorio de la Streisand.
Toda esta introducción viene a cuento de que aquel dueto inolvidable ha sido recuperado como banda sonora para la quinta temporada de la serie “Hacks”, en una escena clave cuyos detalles quedarán excluidos para no develar demasiado de su contenido a quienes aún no la hayan visto. En una tira que basa su argumento en los avatares de la relación entre una veterana estandapera y una guionista que derrocha juventud, no es gratuito que se traiga al presente aquella reunión ante cámaras de una principiante Barbra Streisand con la experimentada (si bien aún más que vigente) Judy Garland.
Con Milton Ager como compositor y Jack Yellen como autor de la letra, “Happy Days Are Here Again”(Vuelven los días felices) es un estándar de jazz rayano en el optimismo, aunque su aparición en 1929 coincidió con la Crisis de Wall Street a la que siguió la Gran Depresión. Y “Get Happy” (Sé feliz) ,surgido un año después sobre música de Harold Arlen y con versos a cargo de Ted Koehler, se pliega a ese espíritu de confianza en un futuro mejor, pero lo hace desde el gospel y por eso está imbuido de la carga religiosa propia del género.
Por tratarse de una de las comedias más premiadas y elogiadas entre las series de lo que va de esta década, “Hacks” se permite este y muchos otros guiños en lo que se ha anunciado como su despedida. Entre lágrimas de emoción y sonrisas por la buena dosis de gags que ofrece, los fanáticos de esta producción que habita la grilla de HBO quedan ahora a la espera de los supuestos spin off que podrían sobrevenir, mientras resuenan en sus oídos las voces de dos intérpretes que elevan un canto a la esperanza, justo cuando parece que nada bueno vendrá.







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