
Abuso y perjuicio con IA
Javier Boher
Empecé a dar clases en el nivel secundario en el año 2008. Tuve la suerte de hacerlo en un colegio bilingüe, de buen nivel educativo y económico en general y donde conocía a todo el mundo. Facebook llevaba apenas un año dando vueltas entre los argentinos y los celulares con cámara no eran la norma, pero tampoco algo insólito.
Fue en ese año que nos tocó el primer caso de un alumno que le sacó una foto de atrás a una profesora (que estaba explicando algo en un banco cercano) y la subió a la red social. Otros alumnos comentaron abajo la ocurrencia, un poco haciendo referencia a la osadía y otro poco con alusiones a la profesora.
La situación era nueva y no se sabía muy bien qué hacer. El hecho estaba claro y los autores también. Finalmente hubo sanciones ejemplificadoras y una intensa campaña de concientización que no se detuvo nunca.
Menos de 20 años después, la tecnología, los jóvenes y la escuela han cambiado muchísimo. Entre esa escuela de 2008 y una de 1990 había una brecha mucho menor que la que tenemos ahora, la que conozco con pleno conocimiento. Los que están afuera (padres y demás comedidos) creen que las cosas se pueden resolver como antes, pero lamentablemente no.
Hace unos días explotó un escándalo de que hay elementos que son algo de lo más común. Lo normal es la tentación que sienten adolescentes libidinosos de imaginar a las personas de su entorno con poca ropa o en situaciones íntimas, algo que es tan viejo como el ser humano.
Después viene la parte de la tecnología como soporte: primero fueron las revistas, después internet y ahora la IA, con esto último como algo mucho más riesgoso, porque se puede conseguir representar con mucha fidelidad lo que antes quedaba encerrado dentro de la mente de cada uno. La IA no tiene límites técnicos, sino que a límites los debe poner el usuario.
El escándalo en cuestión tiene que ver con alumnos de una escuela que modificaron imágenes de sus compañeras y las difundieron, algo que se ha visto y de lo que, afortunadamente, hay antecedentes de judicialización. Lo que hace más grave el cuadro es el intento de lucrar con ese contenido apócrifo y violatorio de la intimidad de las chicas. No solamente lo compartieron, sino que además cobraron por ello y lo subieron a plataformas. No se trata de darle tienda suelta a la imaginación o las fantasías, sino de provocar un daño muy importante a mujeres que fueron violentadas en múltiples dimensiones.
Hay gente pidiendo que los llenen de amonestaciones sin saber que no existen o son testimoniales. Un alumno que llega al máximo no se queda libre y no es expulsado. En el caso de un colegio privado se le puede negar la matrícula (con mucho cuidado, porque si no consigue banco en otro lado tiene que volver), pero en los públicos quizás se lo cambia de turno o de división.
Otros piden que lo dejen libre, cosa que tampoco sucede. No existe la posibilidad fáctica de que un alumno tenga que rendir todos los contenidos de todas las materias, porque se le reconoce cualquier cosa con tal de mantenerlo en el sistema.
La escuela no tiene herramientas para lidiar con estos casos, que insólitamente tienen más chances de prosperar si se los lleva a la justicia. Docentes y directivos no pueden hacer nada contra esos agresores fuera de testificar contra ellos en tribunales.
Suena exagerado, pero no lo es.
Todo cambia vertiginosamente, pero lamentablemente en la escuela las autoridades promueven los cambios equivocados. En un momento en el que todo es veloz e impredecible, la escuela debería aferrarse a lo que sabe que funciona en lugar de improvisar medidas que terminan incentivando comportamientos como los abusadores con IA, que tienen profundos efectos en las personas de carne y hueso que los inspiraron.


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