
Demasido beatle para lágrimas
J.C. Maraddón
Para mediados de la década del sesenta, los Beatles ya habían conquistado el mundo con su música y se habían puesto a la cabeza de un cambio cultural rotundo, que sobrepasaba en mucho el ámbito del arte y el entretenimiento, para extenderse hacia cuestiones sociales que serían la marca registrada de una época vibrante. A través del desparpajo y la provocación de los cuatro de Liverpool, era gran parte de la juventud la que elevaba su grito de liberación, después de haber estado atada durante un largo periodo a los designios de los adultos, que la querían sujeta a mandatos a todas luces perimidos.
Todavía la dupla compositiva de John Lennon y Paul McCartney se mantenía unida hasta tal punto que, para los iniciados, no era sencillo diferenciar cuál composición era de uno y cuál del otro, porque las firmaban en conjunto sin que importara quién había aportado la idea principal. En apenas tres años habían transitado del anonimato a la fama, primero en Gran Bretaña y luego en Estados Unidos, para más tarde trascender al planeta entero, subidos a un fenómeno al que se denominó “beatlemanía”, que se alimentaba de sus discos, de sus shows en vivo, de sus películas y de sus presentaciones en televisión.
En agosto de 1965, poco antes de que emprendieran su segunda gira estadounidense, apareció “Help!”, su quinto larga duración, con el que iban a consolidar todo o que habían conseguido hasta esa instancia. Sin embargo, en el disco había señales de alarma acerca de las consecuencias que el vertiginoso ascenso les había acarreado a esos muchachos de clase obrera, oriundos de una ciudad portuaria, que de golpe empezaban a ser tratados como celebridades. No sólo se advertirían en ese álbum los primeros quiebres en la exitosa fórmula del “yeah yeah yeah”. También su perspectiva de la vida parecía estar cambiando.
En el tema que daba título a esa producción discográfica, John Lennon no se avergonzaba de pedir ayuda, tras rememorar con melancolía una etapa lejana en la que no necesitaba de nadie para salir adelante. Aún no había cumplido 25 años y ya se sentía una persona mayor, que añoraba sus andanzas juveniles y se percataba de cuánto había cambiado su modo de pensar. Si tenemos en cuenta todo lo que le había pasado en tan breve lapso, es comprensible su desorientación y la premura con que requería que alguien viniera a socorrerlo.
Mientras tanto, su principal compañero de ruta también iba a dejar constancia en el álbum “Help!” de que ser famoso le estaba provocando heridas en el alma. A sus 23 años, Paul McCartney iba a dar a luz una de sus más grandes creaciones, “Yesterday”, que a partir de su nombre remitía hacia el pasado, desde el atalaya de ese estrellato global al que arribaron casi sin proponérselo. Con una sensibilidad conmovedora, Paul evocaba aquel tiempo en que los problemas no podían doblegarlo y clamaba por un lugar para refugiarse, justo en el momento en que mayor exposición se les exigía.
Seis décadas y algo más han transcurrido desde aquello. Si bien los Beatles no han caído en el olvido, las cosas distan bastante de ser como eran en 1965 y la nostalgia que asomaba como una rareza, hoy es una moda que abruma con su persistencia. John Lennon murió asesinado en diciembre de 1980, tal vez reclamando esa ayuda que había solicitado 15 años antes. Y Paul McCartney se encamina rumbo a los 84 años, que celebrará el próximo 18 de junio, con la reciente publicación de su disco “The Boys Of Dungeon Lane”, el decimonoveno de su carrera solista.
Ha recibido críticas favorables este nuevo álbum, con reseñas que destacan que el músico se ha desentendido al fin de cualquier afán innovador, para retomar la impronta personal que caracterizó su fase beatle y su repertorio junto al grupo Wings. Quizás sea por eso que se percibe cierta calidez emotiva al escuchar las 14 piezas de esta flamante obra, donde su voz se colorea con los matices que la edad le impone, sin que eso implique nada más que procesos naturales a los que no vale la pena corregir mediante la tecnología que ahora se aplica en los estudios de grabación.
Como anticipo del disco, hace un par de meses fue subida a plataformas la canción “Days We Left Behind” (Dìas que dejamos atrás), cuya letra recupera aquella inquietud de “Yesterday” por recordar lo que fuimos alguna vez y que ya no seremos más. Con la sabiduría atesorada a lo largo del extenso camino que debió recorrer, Paul abandona el tono dramático del antiguo hit de los Beatles y, en forma reposada, describe aquella Liverpool en blanco y negro donde fue feliz, con la mansedumbre de quien asegura que no hace falta llorar aunque nada siga igual… pero se le escapa una lágrima.







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