
Llaryora, sin intermediarios en la Capital
Felipe Osman
El gobernador anunció que la Policía de Córdoba intervendrá en la coordinación del tránsito durante eventos masivos para evitar que ese apartado de la seguridad dependa de la Policía Municipal de Tránsito, incluso cuando a esta se le asigne algún rol en los operativos.
El asunto, que no deja de ser de gestión pura y dura, no parece haber sido abordado de ese modo, al menos, desde la comunicación.
El gobernador dio entrevistas y hasta confrontó directamente con el Suoem desde sus redes sociales, advirtiendo que su compromiso con el orden es “irrenunciable”, y que no permitirá que un grupo de empleados municipales “recurra a la extorsión y ponga en riesgo a la población para alcanzar sus objetivos”.
En el Centro Cívico no agrada que las interpretaciones vinculen el actuar de la provincia en esta y otras materias con la inminente visita de León XIV, y en rigor, la visita del Papa no deja de ser un hecho extraordinario. De primera magnitud, pero extraordinario. En realidad, la actuación directa del gobernador en el territorio de la capital tiene otra explicación.
La llegada del sumo pontífice es una enorme vidriera para la gestión provincial. Un prisma a través del cual observarla. Pero los movimientos del gobernador se cifran en la elección provincial del 2027.
En el gobierno entienden que, a diferencia de lo que sucedió en 2023, cuando la capital (y la gestión municipal) impulsó la llegada del sanfrancisqueño al poder provincial, ahora el mayor impulso electoral vendrá desde el interior, donde la imagen del mandatario está determinada por la aprobación/desaprobación de la gestión provincial. Y no por una gestión municipal asociada a su figura.
“Llaryora es un tanque”, grafican quienes observan el día a día del gobernador. La metáfora no es casual. No hablan sólo de su contracción al trabajo. El arma que marcó el fin de la guerra de trincheras durante la Segunda Guerra Mundial es precisamente algo que avasalla. Que atraviesa las fronteras.
En el diagnóstico del Centro Cívico el impulso del interior sirve, pero no alcanza. La capital, que concentra el 40 por ciento del padrón, tiene que hacer un aporte significativo. Y si la aprobación de la gestión municipal no es suficiente, entonces la imagen del gobernador tiene que trascenderla.
De ahí el involucramiento directo del gobernador en asuntos que, nadie discute, hacen a las competencias del municipio.
La oposición trata de punzar sobre ese aspecto. Pero la discusión jurídica sobre la autonomía municipal es árida. No convoca al interés de los vecinos. La solución de los problemas sí. Y tanto mejor si viene decorada con una confrontación con el Suoem.
Por lo demás, la acción directa de la Provincia sobre la capital ya no es un hecho aislado. Es un nuevo punto que, junto a otros, empieza a dibujar una constante.
Primero, el desembarco de funcionarios que reportan directamente al ministerio de Economía de la Provincia en la secretaría de Administración y Capital Humano. Luego, la creación del ministerio de Vinculación y Gestión Institucional, creado ad hoc para el posicionamiento de Miguel Siciliano en la Capital. Los fondos gestionados por la Provincia para desarrollar un plan de obras -que licita la Provincia- por 130.000 millones de pesos para la capital. El rol de la Policía en la erradicación de los limpiavidrios. Ahora, la gestión “conjunta” del tránsito en eventos masivos. ¿Se sumará el problema de la basura a la línea de puntos?
En cualquier caso, el nuevo convenio firmado entre Provincia y Municipio entraña, a la vez, una oportunidad y un desafío para otro funcionario provincial del que se habla como potencial candidato al Palacio 6 de Julio, Juan Pablo Quinteros. El ministro de Seguridad gana exposición en la Capital, pero queda obligado a mostrar resultados. Ahora, si los operativos fallan, ya no alcanzará con señalar a los inspectores municipales.
Para Passerini, la intervención provincial ofrece soluciones, aunque también tiene un costo político: cada problema que necesita del gobernador para resolverse estrecha el margen para exhibir una gestión propia. Llaryora necesita los votos de la Capital. Y sus movimientos sugieren que no piensa esperar a que se los acerquen.


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