
La resistencia a Ferrero abre un frente de tensión en la Legislatura
Carolina Biedermann
La salida de Matías Gvozdenovich de la presidencia del bloque radical en la Legislatura de Córdoba, para fines de octubre, abrió un frente de conflicto que el deloredismo intenta administrar sin poner en riesgo la conducción política de Rodrigo de Loredo. Aunque la designación de Alejandra Ferrero como sucesora está prácticamente definida, entre los legisladores del interior comenzó a gestarse un caldo de cultivo que promete nuevos capítulos por delante.
El malestar no se limita a una discusión de nombres. En el radicalismo reconocen que la resistencia a Ferrero expresa también diferencias sobre la forma de conducir el bloque, la relación con los intendentes del interior y los márgenes de autonomía que tendrán los legisladores frente a las decisiones de la conducción partidaria. “De Loredo vino por todo y no es la UCR que queremos”, declaró un referente.
Hasta ahora, Gvozdenovich había sostenido un esquema de funcionamiento que, según destacan algunos de sus pares, dejaba mayor espacio para las conversaciones políticas y los acuerdos territoriales. Su conducción habilitaba el diálogo de los intendentes radicales con el oficialismo por temas de gestión local.
La llegada de Ferrero despierta otros temores. Dirigentes radicales describen a la estructura política que integran Ferrero y De Loredo como un esquema más cerrado y verticalista, con menor margen para las negociaciones individuales y territoriales, como así también los diálogos y acuerdos que se gestan en Labor Parlamentaria, para que se cumplan en el recinto.
Sin embargo, la discusión tiene sus límites. Entre quienes expresan reparos a la designación, existe toma de conciencia, teniendo en cuenta que una disputa abierta podría terminar debilitando al propio De Loredo, algo que, por ahora, nadie parece dispuesto a provocar. El desafío del deloredismo es contener las diferencias antes de que escalen y se conviertan en un problema político mayor.
La resistencia a Ferrero encuentra también al oficialismo provincial. En la Legislatura, el peronismo tampoco vería con buenos ojos su llegada a la presidencia del bloque radical, fundamentalmente por el impacto que podría tener sobre la dinámica de los acuerdos parlamentarios, y por la experiencia que ya tuvieron con Ferrero como presidenta del interbloque de Juntos por el Cambio, a quien terminaron impidiendo su participación.
Según trascendió, durante la última reunión de Labor Parlamentaria, desde el oficialismo le habrían advertido al radicalismo que la designación de Ferrero sería interpretada como una manera de “mojarle la oreja” al peronismo, después de lo que sucedió en la sesión anterior, cuando pidiendo que la legisladora presente un pedido de licencia, tras el caso Ludueña.
La advertencia anticipa un escenario de mayor confrontación en las comisiones y en las negociaciones de Labor Parlamentaria, dos ámbitos donde el diálogo entre oficialismo y oposición resulta determinante para el funcionamiento legislativo.
Pero el alcance de la disputa podría trascender el recinto. La preocupación de algunos radicales del interior es que una conducción más rígida termine condicionando también las relaciones políticas que sus intendentes mantienen con el Gobierno provincial, y la continuidad de un bloque en unidad.
Por ahora, Ferrero sigue siendo la candidata con mayores posibilidades de suceder a Gvozdenovich. Sin embargo, su desembarco transita un camino que involucrará negociaciones, acuerdos y mucho diálogo. El deloredismo deberá encontrar la manera de ordenar su tropa sin transformar un movimiento en una nueva interna radical.



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